y el rugido del mar no disipa mis dudas
ni mi silencio
ni mi cordura
dejé la razón olvidada
arriesgando el corazón
sin sueños
y sin valor
quizá por cobarde errante
o nublado la vista en silencio
no supe amar calles eslavas
ni revestir el susurro
tierno de sus pasos
me cantan diablos al oido
y el miedo se torna grisáceo
mientras las mezquitas llaman al rezo
y la tormenta que nunca llega
se aloja en mi alma
busco espejos que no me indiquen
que todo es negativo
quizá coja un lápiz
y empiece a dibujarte
sin llantos en los ojos
me ahoga cierta pena en la garganta
sé que estoy a un paso de arrojarlo todo
me falta sólo el empuje necesario
